
La visión de una boca que se besa a sí misma me recuerda al mito de Narciso, quien no se enamoró de sí mismo sino de su propia imagen reflejada en el exterior.
No hay acaso algo de espejismo o irrealidad en la fasinación que nos genera mirar a una referente de la belleza femenina idealizada en los afiches de la calle o las pantallas de televisión?
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